Cuando en una entrevista (allá por los noventa) le preguntaron a Julio Anguita qué opinión le merecían las noticias que hablaban de un gran crecimiento económico en España, respondió que se trataba de algo nefasto, pues cuando unos se hacen más ricos, otros se están haciendo más pobres.
Aunque este tipo de opiniones tan pesimistas y cerradas ya no tienen cabida en el actual espectáculo político (tan afín a la tosquedad de la cultura de masas), sí que puede ser cierto que al final iba a tener razón el ex-líder de Izquierda Unida al tratar el capitalismo como un perverso juego de suma cero donde lo único que cambia es el tamaño de los trozos de la tarta.
Muestra de los efectos de estos procesos de cambio son las fotografías de Casas Doentes que Manuel Sendón expone en la la Fundación Pedro Barrié de la Maza. Casas en proceso de destrucción en las que la actitud del ser humano se evidencia tanto por lo que ha hecho como por lo que ha dejado de hacer.
Un excelente archivo de la gran transformación que la sociedad gallega ha dado en el pasado siglo. La famosa emigración campo-ciudad provocó el abandono de las zonas rurales y la paulatina pérdida de un sistema económico de subsistencia, cuyo eje central era La Casa, que daría sus úlitmos coletazos (nunca mejor dicho) con el baby-boom de los 50, pariendo el último ensanche poblacional de la historia, con el curioso objetivo de nutrir de mano de obra a la explotación familiar.
Otro ejemplo más de ruina y abandono en el que las divisiones conceptuales (como puede ser la propia oposición campo-ciudad) pierden sentido en beneficio de lo procesual, capaz de percibir este tipo de relaciones.
>> Aunque este post se me ha retrasado un poco, hasta el 1 de Abril ha podido verse esta exposición en Vigo. El 10 de Mayo se inaugurará en la mítica sede del cantón grande en A Coruña.

Interesante reflexión, seguramente inspirada por una no menos interesante exposición. Lástima que me pille tan lejos.
Cuesta asimilar el concepto "casa" como tal, como lo que fue, como un HOGAR, en el que los materiales de construcción no importaban tanto como su eficacia para vivir protegido de las inclemencias del clima. Pensar en una familia -gallega o murciana, por oponer al máximo la geografía y apelar a nuestras identidades culturales a la vez- comiendo en torno a una sartén en una CASA, como la de la foto de Sendón que muestras, y oponer ese espacio al amplio loft de cristaleras de 4x4 metros de la octava planta me produce un rancio quiebro. Sobre todo al pensar que sólo seis o siete décadas separan ambas imágenes mentales.
Me alegra volver a leerte amigo. Un abrazo
(Viene a cuento esta viñeta que El Roto publicó el 20 de marzo en El País, alojada en
http://www.rojoynegro.info/2004/article.php3?id_article=15052)