Siguen pasando los días y las teorías conspirativas parecen perder fuelle. Como indican esta noticia de El País y el propio presidente de la Xunta parece que el fuego está provocado por pirómanos, borrachos, viejas y adolescentes con un peculiar sentido del humor.

Descartada la posibilidad de una mafia organizada, y atomizada la motivación de los pirómanos, parece que el problema no tiene una solución sencilla e, irremediablemente, los próximos años seguiremos asistiendo con impotencia a la destrucción de uno de los principales patrimonios de Galicia.

Pero, desde mi punto de vista, puede que sean otros dos factores los que provocan que la locura de una señora de 72 años (foto) tenga unas consecuencias tan nefastas: El cambio climático y el abandono de los montes. Por el primero bien poco tenemos que hacer desde Galicia, pero por el segundo creo que se podría hacer algo más.

El monte y la naturaleza son uno de los más importantes activos del patrimonio gallego, el problema principal es que no está patrimonializado. Los usos tradicionales que se le daban descienden a pasos agigantados y la consecuencia es que los bosques pasan a ser las zonas que “están a monte”, es decir, no cultivadas, abandonadas o con intervenciones humanas carentes de cualquier visión global.

Pensemos ahora en otro de los grandes activos de Galicia, la catedral de Santiago de Compostela. Como es sabido esa catedral en sí misma no es un patrimonio, sino que es patrimonializada en el momento en el que se utiliza como excusa para unir el norte católico español con Europa de cara a legitimar las cruzadas contra los moros. Lejos de pretender una acción similar para revalorizar los montes gallegos, lo que intento es explicar que todo elemento por sí mismo no es un patrimonio si no se sitúa en un pedestal, se señala, se adecua la zona limítrofe, se ofrecen guías para su contemplación, etc. Si bien es cierto que esta visión de la patrimonialización está muy ligada con la industria del ocio y el turismo, dejar pasar la oportunidad de ser una potencia en ecoturismo es otra de las miles de oportunidades desperdiciadas por una cultura del dinero fácil y la especulación (y no, como se señala, una cultura del fuego).

En definitiva los montes gallegos están abarrotados de grandes paisajes, puentes y calzadas romanas, rutas de senderismo, vestigios arqueológicos y un largo etcétera de activos que si no son puestos en valor, además de provocar el aniquilamiento de fauna y especies vegetales, es como no tener nada.

Quizás, siendo optimistas, esta es una buena oportunidad para apostar por bosques planificados, sostenibles y que permitan la convivencia entre humanos y fauna. De lo contrario volveremos a lo mismo.