Corre rocker, de Sabino Méndez, es una de los mejores libros para acercarse a los sórdidos ambientes de la manida e idealizada movida de los 80. Basado en la experiencia del compositor estrella de Loquillo y los Trogloditas, la obra muestra una visión personal del repentino éxito al que llegó el grupo, describiendo ingeniosamentelas actitudes rockers importadas del mundo anglosajón a base de referencias estéticas y letras maltraducidas.

La habilidad de Sabino no es sólo la de un compositor acertado, sino también la de un gran pensador. Su libro es una verdadera novela. Una novela lírica, real y dura que muestra lo que no deja de ser una cadena de errores que desembocan en la sumisión a la heroína.

Pero el libro, además de guardar esta visión poética y nostálgica, mantiene también una profunda crítica que bien puede concebirse como un tremendo insulto a la figura del rock and roll star. El mítico Loquillo es descrito como un grandullón gritón, falto de personalidad y de una mínima inquietud artística. Este zopenco esclavo de un ridículo personaje es el culpable indirecto de la marcha de Sabino del grupo, quien harto de someterse a designios comerciales de una discográfica que no reconoce su mérito decide abandonar el grupo.

Una descripción egocéntrica que chirría por momentos y que contrasta con esta nueva noticia. Después de muchos años, Sabino y Loquillo han vuelto a tocar juntos en la Fnac de Madrid con motivo de la presentación del nuevo libro del guitarrista “Hotel Tierra”. Además han repetido experiencia en un directo en Barakaldo con motivo de la edición del nuevo disco “Hermanos de Sangre”.

Lo cierto es que, desde la marcha de Sabino, los Trogloditas sufrieron la pérdida y Loquillo ha evidenciado como el público se alejaba de los conciertos a medida que aumentaba la distancia de años que separan la realidad del boom de Cadillac Solitario. Méndez, por su parte, mantuvo su actividad compositora pero sin llegar, ni de lejos, al éxito cosechado cuando su misión era la de aportar alma y contenido al grandullón, que quizás no atinaba del todo con el tono, pero cuya presencia sigue siendo, hoy en día, un verdadero revulsivo en el directo, en el que se maneja como pez en el agua, ayudado, por supuesto, de múltiples sustancias que le permiten percibir más lejana lo que, en realidad, es una finísima línea que lo separa del más completo patetismo cada vez que sale a un escenario.