Hace poco, un artículo de Le Monde (1º de Febrero de 1985) establecía que siete millones de franceses consumían antidepresivos. El dolor, el cansancio, la angustia, el insomnio, desaparecen químicamente, no se formulan más preguntas acerca de qué significado tienen para el individuo. El uso común de estos productos hace que el sujeto pierda el sentido de sus límites. En lugar de modoficar ciertos datos de la existencia, fuerza la tolerancia del cuerpo. Muchos individuos pierden, de este modo, la relación íntima consigo mismos. El cuerpo se asimila a una máquina y sus síntomas (cansancio, insomnio, depresión) son analizados como disfunciones químicamente reversibles. Las emociones del hmbre son elevadas a la dignidad (científica) de reacciones químicas.

LeBreton

Antropología del cuerpo y modernidad