
Nuria y El Tono no han decepcionado. En Vacío 9 lograron una coqueta y concisa exposición en la que ha habido de todo en muy poco espacio. Una idea muy clara de instalación, escultura, videocreación, y, como no, pintura en las paredes.
Después de haberlos seguido por las calles de Madrid y Barcelona (y todo el mundo por su web) nos vamos con la sensación de que han aprovechado sensacionalmente las posibilidades que permite una muestra de este tipo, para aportarnos un par de cositas más de las que habitualmente pueden ofrecer.
Una de las cosas más curiosas es el biombo rojo con el que nos encontramos en la entrada de la galería. Formas rectas y aspecto bruto para una muralla que, como todas las fronteras, conserva en sí la propiedad dual del misterio. Pues nos aleja, a la vez, que nos muestra los dos elementos claves: el vídeo y las estructuras. El primero se veía a través de un curioso cubo isométrico vacío (como quitado del biombo) que hacía de mirilla. Y las segundas desde uno de los laterales del armatoste, que permitía-dificultaba el acceso a una de las salas.
Dejamos la paciencia y el vídeo para más tarde y vamos para la sala. Vemos tres estructuras de diferentes colores: amarillo, verde y rojo que recuerdan a los rectilíneos motivos de sus graffitis. Seguimos avanzando y, por el otro lado del biombo. encontramos la pantalla donde se proyectan los politonos (vídeocreación). En ellos las esculturas anteriores cobran un singular protagonismo. Son colocadas al aire libre en lugares de Madrid y el artista pasa a esconderse detrás de la cámara para recoger todo lo que ellas viven.
Esta idea me ha parecido extraordinaria. Las mismas estructuras, fuera de la galería, cobran vida, la gente las observa, las toca, las pesa, los niños se sientan encima, juegan con ella y la menean, indicando que las obras por sí mismas no son nada, que somos nosotros quienes las construimos y les damos significado. Muestra que lo que importa no son las cosas, sino las relaciones que tenemos con ellas. Así para el niño es un juguete y para uno de mis vecinos de la Pza. del Cascorro no es más que un trozo de madera hueco por el que no te dan ni un duro el día del rastro.
Por lo tanto habrá que seguir atentos a lo que haga esta pareja y animándolos a que sigan haciendo muchas más cosas. Sugerir tan sólo algún tipo de libro-catálogo en cada exposición o, por lo menos, algún buen detalle que podamos llevarnos de recuerdo.


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