Cada cierto tiempo hay proyectos, obras, ideas que, englobándose dentro de una tendencia, son capaces de ir más allá y distanciarse de una manera asombrosa.
En este caso, el proyecto de Diego Arribas en las Minas de Ojos Negros, ha surgido por casualidad, sin grandes planificaciones. Por motivos profesionales, Diego aterriza en Ojos Negros (población de Teruel) como profesor. Con el tiempo, descubre una minas de extracción de hierro abandonadas y centra su obra en este contexto. Después vendría la primera convocatoria de
Arte, industria y territorio, que ponía su énfasis en la relación del arte contemporáneo con los enclaves naturales alterados por la actividad industrial y su propuesta de utilización como soporte para la práctica artística.
Una idea tan sencilla como brillante si se sabe tratar con la delicadeza que exige un espacio marcado por la frustración de un pueblo que no pudo hacer otra cosa que mermar tras el cierre de la mina.

El resultado es espectacular. Una transformación radical de los significados asociados a un enclave visualmente impresionante y la utilización del arte contemporáneo como herramienta para la patrimonialización. Intervenciones que dialogan a través de un trabajo multidisciplinar en el que la arquología industrial, el lenguaje del arte contemporáneo y la reflexión consiguen, no sólo sacar la obra del museo a la calle, sino llevar nuestra mirada al espacio y que lo veamos con los mismos ojos con los que Diego empezó a trabajar en él.
...y mientras en el MARCO aplaudimos este proyecto, en Beiramar sigue la demolición de Casa Mar, una de las piezas clave del patrimonio industrial vigués, que dará paso a la construcción de un pseudoguggenheim de provincias... ¿Qué fue del Vigo que era vanguardia?





