En las últimas semanas la arquitectura y las políticas del espacio están inundando mi vida... No me quejo, la verdad es que el tema no está mal. En primer lugar, tuve el gustazo de asistir a unas intreresantes jornadas en A Chocolataría [Santiago de Compostela] que versaban, como indicaba el título, sobre Mutaciones Urbanas [Mutacións Urbáns]. Un ciclo de conferencias o curso donde desfilaron variados profesionales relacionados con dos aspectos: la ciudad y el espacio público.
Santiago Cirugeda y Pedro G. Romero fueron los dos autores que me resultaron más interesantes, principalmente por sus frecuentes intervenciones en el espacio, afectando a las significaciones y poniendo en evidencia las contradicciones del sistema a la hora de gestionar el espacio público. Los demás, también muy bien... Eva Gil de Prado, por ejemplo, dejó muy claro que en las periferias de la cultura [más allá de Madrid y Barcelona] también hay un interesante camino que recorrer y da la impresión de que puede ser bastante más innovador que lo que se suele ofrecer desde el carro de los vencedores.
Después de esos tres días, me quedé con una idea en la cabeza [algo es algo]... Y es que me da la sensación de que esta nueva moda del urbanismo y la arquitectura espectacular es sospechosamente opuesta a la mayoritaria realidad cotidiana de especulación, reducción de costes, estandarización y vivienda precaria.Parece que el 99% de la construcción trata de invisiblizarse mediante la implantación de monumentos arquitectónicos en los que se centra la atención tanto de lugareños como de foráneos. En base a esta doble lógica, parece sostenerse toda la economía española, pues al margen de los movimientos en energía relacionados con las OPAs, la actividad está radicalmente concentrada en construcción y turismo [caminando, la mayoría de las veces, también de la mano].
Pero mi relación con el urbanismo ni mucho menos ha quedado en esa relfexión, puesto que pocos días más tarde me hice con "Políticas del espacio. Arquitectura, género y control social". Libro en el que José Miguel G. Cortés trata este curioso tema que ha sido abordado por teóricos tanfundamentales como Foucault o Debord y por diferentes artistas. Un libro que no he terminado de leer pero que recorre el tema de un modo transversal, haciendo un recorrido por los abordajes más fructíferos. Ideal para ponerse al día y tener una visión general a la par que compleja...
En esta obra, sin ir más lejos, se trata la figura de otro de los destacados en las exposiciones de Madrid. El Reina Sofía, hasta ayer [lo siento], mostraba una parte de la obra de Gordon Matta Clark que nos permite comprender y compartir las "destrucciones" de este arquitecto que allá por los 70, ponía en tela de juicio aspectos como la concepción de lo público y lo privado o la idea de ruina. Un sinfín de deconstrucciones que forman parte de una exposición imprescindible.
Quizás en el lado opuesto de la visión crítica, de la fragilidad y temporalidad de la ruina, más allá de la especulación marbellí o murciana campa otra exposición en el jardín botánico que es de las delicias para cualquier gafapasta con una buena canon [8-)] o para el disfrute de arquitectos-artistas que busquen inspiración. En la exposición ON-SITE, se muestran las maquetas y fotografías de gran formato que estuvieron en el mismísimo MOMA de Nueva York. Y es que es cierto que la arquitectura vanguardista de España! está causando furor en todo el mundo.

En esta exposición también se puede encontrar uno con la excepción. La gran excepción que confirma la regla de edificios para inaugurar y ser testigo de la hegemonía sobre el territorio de los poderes económicos más toscos. Se trata de las viviendas sociales de Sanchinarro. Si bien no soy el más indicado para hablar, me da la sensación de que, además del desconcertante hueco del medio, es esta condición de social lo que le aporta, curiosamente, su condición espectacular y por tanto acusado de los mismos cargos.
Quizás hoy me he levantado demasiado crítico o demagogo, pero aunque puede que no sea lo más sensato dudar de la necesidad de estas grandes obras, sí que parece que el interés con el que son sembradas e inauguradas [y expuestas] es un tanto oscuro.